Question de tiempo

La verdad es que ya nunca viajo al pasado, ni siquiera por un día. Sólo intento vivir cada día como si hubiera vuelto deliberadamente a este día para disfrutarlo como si fuera el último día de mi extraordinaria y ordinaria vida.

De repente, viajar en el tiempo te parece casi innecesario, porque hasta el último detalle de tu vida es maravilloso.


Todos viajamos por el tiempo juntos cada día de nuestra vida, y lo que debemos hacer es dar lo máximo y disfrutar de este maravilloso viaje.


Primera gran lección:

Ni todos los viajes en el tiempo del mundo pueden hacer que alguien te quiera... 





Paulo Cóhelo

Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores: 
Uno con el que te casas o vives para siempre, puede ser el padre o la madre de tus hijos…
Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella..
Y dicen que hay siempre, un segundo amor, una persona que perderás siempre, alguien con quién naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan de la razón y te impedirán siempre alcanzar un final feliz.
Hasta que cierto día dejarás de intentarlo…
Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando, pero te aseguro que no pasarás ni una sola noche, sin necesitar otra beso suyo o tan siquiera discutir una vez más.
Ya sabes de quién que estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, te ha venido su nombre a la cabeza. Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (será sustituido por la calma), pero te aseguro que no pasará ni un solo día en que no desearás que este aquí para perturbarte.

Porque a veces se desprende más energía discutiendo, con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien al que aprecias.

Paulo Coelho.



Mi pequeño gran viaje

Hay viajes de negocios…
Viajes de placer…
Viajes de ida…
Viajes de vuelta… y viajes de los dos.
Hay viajes largos, en los que perder de vista el origen sin haber llegado a ver aún el destino.
Hay viajes al otro lado del mundo… y viajes en los que no hace falta moverse del sitio.
Hoy emprendo un nuevo viaje, un viaje más…para poner punto y seguido a otro mucho más importante que emprendí hace tiempo.
Llevo en la maleta todo cuanto puedo llevarme de ti.
Guardo más de un millón de recuerdos, más de mil millones de sonrisas... más de mil millones de millones de sensaciones…
Cada segundo de esta pequeña travesía me ha servido para crecer, para que crezcas dentro de mí...
Aún hoy me voy sin saber porqué tengo que hacerlo, sin querer.. casi de la misma manera de la que empieza toda esta historia.
Como en todo viaje he descubierto lugares maravillosos, aunque esta vez no importase a donde fuese, qué viese… o cuanto tiempo estuviese.
He entendido que ese lugar no viene en ningún mapa, no está en ninguna ruta.
Para llegar a donde yo he llegado… tan sólo me ha hecho falta ir contigo.
Al final de todo, la vida no es más que un gran viaje… uno que tiene un poco de todos y cada uno de los anteriores…
Un viaje con muchas escalas, como ésta, como todas las que seguro vendrán. Pero un viaje que sin duda es el mejor de todos. Uno que te lleva a donde siempre has querido ir... y nunca supiste como llegar.
Es por eso, que sabiendo esto, se hace imprescindible saber que has elegido la compañía adecuada.
Siéntate a mi lado...


A.bróchate el cinturón.

Gracias por volar conmigo…

Puntos de vista

Puedo hacer de tus días de ocio.. días memorables,
del viaje de tu vida, algo inolvidable..
Puedo hacer que tu descanso sea pleno,
que tus días de trabajo terminen en el mismo instante en el que cierras el portátil,el archivador, o tu cartera...
Puedo mostrarte algunos de los sitios más bonitos del mundo, y explicarte su origen, su historia y su razón de ser...
Puedo hacer que todo cuanto esperas sea precisamente como lo esperas, e incluso a veces mejor...
Cuento con tus expectativas y deseos como materia prima... para transformarlos en tu confianza, en tu satisfacción, y porque no... tu amistad.
Puedo moldear las circunstancias para que tus ilusiones den el salto a la realidad.
Puedo ser la persona a la que contarle tus preocupaciones, tus alegrías... y tus decepciones.
Puedo hacer que no te sientas solo..
Conseguir que seas el primero en ver amanecer... o el último en ver ponerse el Sol.
Puedo darte el lugar perfecto para dar un sí quiero, para recuperarte de un no, no quiero... o dar estabilidad a todo lo que viene despues de ambos.
Puedo hacer todo eso... y alguna que otra cosa más..

Visto así.. no parece un trabajo.. verdad?



A.D.
Recepcionista

The BUTerFLY effECT

¿Sabes una cosa?
Hay mariposas que sólo duran un día.
Tienen 24 horas para hacerlo todo.
Nacer... crecer... aprender a hacerse mayores, encontrar a la mariposa de su vida, conquistarla, darle descendencia.. y esperar el final de su vida a su lado.
Una vida entera en un sólo día.
Más de un millón de momentos seguidos vividos a toda prisa.. sin tiempo que perder.
En 24 horas están concentradas todas sus pasiones, su amor, sus juegos, sus decepciones, sus esperanzas... y al final... la muerte.
Y dicho así puede parecer una vida muy corta, pero estoy completamente seguro de que cada minuto de esa vida.. merece la pena ser vivido.
La felicidad puede estar en instantes tan pequeños pero tan intensos como la vida de una mariposa...

Disfruta cada segundo de esta vida que se repite cada día....

El regreso de Saturno

La duración del movimiento de traslación del planeta Saturno alrededor del Sol dura aproximadamente 30 años. En el plano astrológico, y en lo que concierne a las personas, se calcula que en un período aproximado de entre 26 y 29 años se produce lo que se llama "El Regreso de Saturno".
Dicho fenómeno coincide con el regreso del planeta a la posición en el plano astral que tenía en el momento de tu nacimiento.
Tirando de mitología, y de generosas teorías psico-astrales, dado que el Dios Saturno es el Dios romano de la Agricultura y la cosecha, se dice que cumplido ese ciclo uno recoge lo que haya sembrado durante todo ese tiempo.
Es por eso que si uno no ha llevado su vida por la buena senda, puede comenzar a pagar las consecuencias a partir de dicho plazo.
Si por el contrario uno ha llevado una vida medianamente normal y su espíritu está limpio, podrá recoger los frutos que le correspondan.
A día de hoy, con una marcada intención de adaptar esa teoría a la psicología moderna, a este proceso se le llama "crisis de los treinta", en la se produce una recapitulación interior del individuo para encarar la segunda etapa de su vida.

No podías haber llegado en otro momento.


A. que ni te lo imaginabas....

La tormenta




A medida que la tarde languidecía sobre la campiña, la tormenta crecía en su intensidad como alimentada por la oscuridad de una noche que se presentaba de todo menos tranquila. Mary sostenía una taza de té tras los cristales de la vibrante ventana de la sala de estar, en la planta baja de la normalmente tranquila casa que se le antojaba demasiado grande desde hacía tiempo. Era una casa sureña, de madera en su totalidad, con tres alturas, dos para las plantas de uso más común y una tercera a modo de buhardilla donde se amontonaban por igual trastos y recuerdos enmudecidos por la soledad y el tiempo. La casa tenía grandes ventanales en cada una de las estancias de las plantas principales, lo que en los días en los que el tiempo no se mostraba tan invernal dotaba de mucha luz toda la casa. Esa era una de las razones por las que a Mary nunca le apeteció lo suficiente abandonarla. Hacía mucho tiempo que sus dos hijos, Tom y Lisa, habían emigrado ya en tiempos universitarios a la gran ciudad, y aunque siempre insistieron en que les acompañara, Mary nunca se sintió seducida por la urbe. Para ella el sentido de la vida pasaba inevitablemente por aquella casa, situada en la mitad de una gran llanura salpicada de campos de trigo, sin más compañía que la de su perro Ralph y tantos recuerdos como aquellas paredes eran capaces de contener. La casa tenía un amplio porche que albergaba la puerta principal, con un banco de robusta madera del bosque Sumter hecho a mano hace mucho tiempo por su difunto esposo. Desde ese lugar seguía contemplando cada tarde la puesta de sol sobre Laurel Mountain, una pequeña agrupación montañosa solo perceptible en días despejados.
Mary mecía la cuchara dentro de la taza con la vista perdida en algún punto entre el cristal y el horizonte, quizás sintiéndose empequeñecida por el poder de la naturaleza desatada. Llovía como hacía mucho tiempo que no había visto llover, los aleros del tejado arrojaban agua como si la casa se hubiera fabricado debajo de una catarata. El viento mecía los campos dibujando formas coloreadas de haz y envés, retorciéndolas y deshaciéndolas con la velocidad propia del delirio de un pintor al borde de la locura. Las ramas del grueso roble junto a la casa golpeaban la madera constantemente, aunque era un árbol grande, fornido y estable, parecía más bien querer abrazarse a ella atemorizado por la tempestad. Ralph se acurrucaba junto a la estufa, sobre la manta de cuadros negros y rojos que Lisa y su hija Kate le habían regalado la última Navidad.
Mary, en efecto, era ya abuela, su hija se había casado con un buen chico, aunque algo "urbanita", al que conoció durante su primer año de trabajo en el Providence Hospital de Columbia, donde aún seguía ejerciendo. Eran una familia bien avenida que acudían cuando podían, que no era demasiado a menudo, a visitar a la solitaria abuela.
Tom, por su parte, seguía soltero. Había tenido una novia estable hasta no hacía mucho tiempo, pero él siempre había sido un alma libre, y nadie de la familia habría apostado por que la relación llegase a buen término. Tom acababa de terminar ingeniería aeroespacial en el MIT de Massachussets, en la rama de comunicaciones, y desde entonces aunque llevaba varios proyectos a cabo, se había dado un tiempo sabático antes de sumergirse de nuevo en las comunicaciones aeroespaciales. Así pues, hacía un par de días que había estado en casa con su madre, pero se encontraba visitando a algunos amigos de la residencia universitaria en alguna parte del país. Antes de irse había dado a su madre las instrucciones pertinentes para utilizar el ordenador portátil que le había regalado.
A Mary nunca le habían interesado esos cachivaches, ella era una mujer de otro tiempo, nada ignorante, pero de otro tiempo. Se había dejado convencer por sus hijos, que le insistían en que para poder verse más a menudo y mantener un contacto más cercano era una solución fantástica, amén de apelar al chantaje emocional de utilizar a la pequeña Kate como baza para que no pudiese negarse, después de todo era su única nieta y mentiría, cosa que no sabía hacer, si dijese que no le apetecía verla todo lo posible. La verdad es que Mary iba teniendo ya una edad, y sus hijos querían estar más pendientes de ella, algo que por su negativa a moverse de la casa, era imposible de otro modo.
Lisa le encargó a Tom la logística, sólo él podría comunicar aquella casa, en medio de la nada con el resto del mundo, y ella correría con los gastos. Cada uno aportaba aquello que poseía.
La casa estaba en absoluto silencio, solo amedrentada por lo intempestivo del clima, la lluvia cayendo sobre ella y el viento silbando al deslizarse por cada una de las rendijas.
Por eso cuando aquel trasto infernal que Tom había colocado sobre el escritorio del salón comenzó a sonar, Mary dejó caer de golpe la taza sobre el suelo de madera del aspaviento que le provocó el susto. Ralph se sobresaltó.
Cuando se dió cuenta de que el ordenador estaba sonando, cual teléfono antiguo, se apuró a recoger la taza y la cucharilla del suelo, sacudiendo su zapatilla izquierda, que había absorbido el poco té que aún no había disfrutado.
Depositó la taza sobre el alféizar de la ventana y se apresuró a abrir aquel engendro tecnológico.
- "Quién me mandaría a mí...."- masculló.
Levantó la tapa del portátil y trató de recordar ante el incesante "ring ring" lo que su hijo le había enseñado. Echó mano de un pequeño papel para notas del primer cajón del escritorio y lo miró de soslayo, casi para asegurarse en lugar de leerlo detenidamente.
Cogió con torpeza el pequeño ratón, y movió el cusor hasta la tecla de "Aceptar" para responder a la videollamada.
Tras unos segundos de expectación, preguntándose si había hecho lo correcto, el rostro de Tom se dibujó en el monitor.
Mary miró la pantalla con un gesto a medio camino entre la ternura y la extrañeza.
-"¿Mamá? ¿Mamá? ¿Mamá me oyes?"- se esforzaba Tom.
-"Sí, sí, te oigo. ¿Tú me oyes a mí?"- inquirió Mary.
-"Sí, te oigo muy bien. ¿Qué tal va todo? Estoy en casa de Rob y Melissa, y he visto en las noticias que hay una gran tormenta en la zona. ¿Va todo bien?-
-"La verdad es que el tiempo está horrible, hacía mucho tiempo que no estaba tan malo, he cerrado todo y estaba mirando por la ventana hasta que has llamado".-
-"Escucha, Rob ha salido a comprar algo para la cena, en cuanto llegue le pediré que me preste su coche e iré a pasar la noche contigo".-
-"No hijo, no te preocupes, estoy bien, como te digo he cerrado todo y estoy con Ralph en el salón, seguramente pase aquí abajo la noche, no me apetece nada subir arriba con este temporal, la planta de arriba es mucho más ruidosa".-
-"Mamá, en las noticias dicen que la situación puede empeorar en las próximas horas, si no puedo hacer que vengas a mi casa, al menos quiero pasar la noche contigo por si ocurre algo, no quiero discutir este tema"-
-"Pero hijo yo estoy en casa, por la carretera seguramente la cosa esté peor, y no quiero que te ocurra nada ni que corras riesgos innecesarios, todo está bien en serio"-

Mary no era fácil de convencer, pasaron varios minutos en los que trató de impedir que Tom fuese hasta allí solo, pero en su interior si que atisbaba que no iba a ser una noche tranquila.
Siguieron hablando sin llegar a una conclusión clara durante varios minutos más. La tormenta hacía que la conexión no fuese todo lo buena que debería, así que a veces la imagen se congelaba un poco, otras se distorsionaba, e incluso el audio a veces no era todo lo bueno que debería.
Tras la más larga de las interferencias, unos cuantos segundos, Tom se reclinó sobre la silla desde la que hablaba y pareció respirar aliviado.
-"Bueno mamá, me alegro de que por lo menos Lisa te acompañe hasta que yo llegue"- resopló Tom.
El gesto de Mary se arrugó un poco.
-"¿Lisa? ¿Has hablado con tu hermana? Ya te he dicho que no era necesario!"-
-"No Mamá, yo no he hablado con ella"- el gesto de Tom se arrugó casi tanto como el de Mary.

Tras unos segundos de vacilación, Tom habló con un tono dubitativo:

-"Mamá, ¿Lisa está en casa contigo, verdad?"-

Su madre parecíó no entender nada.

-"¿Lisa? No... no está aquí. No hay nadie más que yo"-

...

-"Mamá... estoy viendo una niña en el pasillo."-